jueves, 22 de septiembre de 2016

Felipe Lesmes Zafrilla: sentencia y condena por el sermón pronunciado en Sigüenza.

   Sentencia y singular condena que fue impuesta a don Felipe Lesmes Zafrilla y Duart por el sermón que pronunció el 19 de Marzo de 1821 en Sigüenza, en defensa del Rey y de la Religión, por el cual fue denunciado por los Constitucionales.

     Apuntes breves sobre D. Felipe Lesmes Zafrilla y Duart.

     Nació este benemérito eclesiástico en Albalate de las Nogueras, pueblo de la diócesis y provincia de Cuenca, el 30 de enero de 1792; y no parece sino que nació con él la piedad y celo por la Religión. Hijo de padres sobre piadosos instruidos, desde sus primeros años dió muestras de lo que habia de ser despues. En la escuela estaba, y ya tomaba a su cargo repasar a los más pequeños la doctrina cristiana, y perfeccionarlos en lo mismo que acababan de enseñarle a él. Perfecto en la latinidad el 1805, obtuvo la gracia de Beca pensionista en el seminario conciliar de san Bartolomé de Sigüenza; y este colegio, que cuenta en el número de sus hijos Cancilleres mayores de Milan, Comisarios generales de Cruzada, Ministros de Marina, Consejeros y Secretarios de Estado, Confesores y Predicadores de S. M., y diez y siete Obispos, sin otros que renunciaron esta dignidad, se honrará siempre con haberle educado en su seno. Afortunadamente gobernaba entonces aquella diócesis el Ilustrísimo señor don Pedro Inocencio Vejarano, atento sobremanera en la educación de la juventud, que miraba al Seminario como su gloria y su corona, y había constituído al frente de aquella casa al señor don Pablo de Jesús Corcuera,
Canónigo entonces de aquella Iglesia, y hoy Obispo de Vich,
en quien con la amabilidad de carácter se unia un celo
fervoroso que comunicaba a sus alumnos, y con él un espíritu
eclesiástico, que ha distinguido a todos los que se criaron bajo su dirección. Cuanto pedia el Concilio de Trento de un seminarista, tanto se practicaba allí; y Zafrilla, que a esto añadía oir en la Cátedra la viva voz y clara esplicación en las materias mas arduas de la teología del Excelentísimo señor Obispo de Tortosa, don Victor Damián Saez, hijo también de la casa, y Canónigo entonces Magistral de la Catedral, y veía los ejemplos del actual Obispo de Mondoñedo don Francisco López Bo-ricon, Colegial y Maestro tambien, creció a la par en literatura y devoción...
     ... Las solícitas pesquisas que se hicieron para buscarle, ya suponiendo cartas confidenciales del Confesor de S. M., con quien recelaban debía tener comunicación, ya fingiéndose soldados guardias escapados de Madrid que acudían como a consultarle, y que a breves horas se convertían en oficiales que venían en su persecución, ya otras estratagemas semejantes usadas en las casas donde presumían que podía haber razón de él, demuestran el interés que ponían los constitucionales en su aprehensión; pero la Providencia, cubriéndole con su mano varias veces cuando ya parece estaba á punto de caer, por una serie de prodigios lo sacó de entre sus lazos, y desde el centro del reino lo puso al otro lado de los Pirineos. Mas como su seguridad no hacía la de su Rey, en nada entibiado su ardor con los trabajos, atraviesa de Poniente a Oriente aquellos montes para verse con la Regencia de Urgel, internada también en Francia en aquella ocasión, y recibiendo nuevas instrucciones y autorización, hace entrar en España personas de su confianza, y a esta ocurrencia puede decirse debida en parte la libertad de las provincias inmediatas a la capital; pues por uno de aquellos medios que no estan a la previsión de los hombres, sorprendido de los constitucionales, y herido en los confines de Navarra y Aragón el que las conducía, huyendo asombrado el caballo dió consigo y con los papeles en manos de un soldado de los de Mequinenza, donde se hallaba una Junta de armamento, y vistas las instrucciones de la Regencia de Urgel de socorrer á Sigüenza, se dió órden a Bessiéres para que acudiese a su libertad; y a esto siguió la batalla de Brihuega, cuyos ecos, resonando al otro lado de los Pirineos, hicieron conocer a las cortes estrangeras cuál era el espíritu de la nación, cuán pronta estaba a romper el yugo constitucional, é impulsaron la entrada del egército libertador.
      Apenas con el auxilio de éste se estableció la segunda Regencia con el Gobierno legítimo en Madrid, fue llamado Zafrilla a ilustrar la opinión pública de parte de la fidelidad; y con un compañero suyo, de su misma Iglesia y Colegio, y otros leales beneméritos, dieron á luz el Restaurador, donde la voz realista se hizo oir por siete meses con tanto entusiasmo como imperturbabilidad.= Terminada esta ocupación en el enero de 1824 volvió de nuevo a su Catedral, donde dedicado esclusivamente a las tareas del ministerio, ya en pláticas a religiosas, ya en dar egercicios a sus colegiales, ya en sermones a todos en común, aquel espíritu se dilataba cada vez más, como si fuera señal de que pronto se le había de perder. En septiembre, en fin, de dicho año obtuvo en Cuenca, casi por unanimidad, la canongía lectoral; y cuando parece se le abria un campo mayor para trabajar, y todos se prometian un largo porvenir, á los ocho días de su elección, en la noche del I.º de octubre, aniversario de el en que con tanto regocijo y entusiasmo había celebrado en el Restaurador la libertad de su Rey, rendida sin duda su débil complexión al peso de tantas fatigas, sin haber precedido accidente sensible alguno, plácidamente, con la mano bajo la megilla, como si se hubiera reclinado para dormir... murió a los 32 años de su edad. El mundo no era digno de él, y se lo llevó el cielo para sí. Era á Dios agradable su alma, y por eso se apresuró a sacarle de enmedio de un siglo de iniquidad: viviendo todos los días como si en cada uno de ellos hubiera de morir, su muerte, aunque súbita, no fue improvisa, y le debemos creer piadosamente computado entre los hijos de Dios.
         El sentimiento de los buenos fue igual al gozo que habían mostrado en su promoción, y sus exequias fueron un nuevo testimonio de su amor. Espontáneamente los cuerpos Realistas con velas encendidas, la ciudad toda se agolpó, no queriendo casi creer que Dios les hubiera privado tan pronto del Sacerdote de cuyos labios habían oído tantas veces, y se prometían nuevamente oir la ciencia de la ley; pero consumado en breve había llenado muchos tiempos, y Dios se los quería ya premiar. Su desinterés, su fé viva, su esperanza sin límites, su caridad, su amor encendido á Jesús, que le hacía clamar enagenado á veces en el púlpito repentinamente: "Amor a Jesucristo, amor a Jesucristo" su tierna devoción a la Virgen, su rectitud de intención aun en las cosas más pequeñas, y que tocaban a los que le trataron mas de cerca, persuaden facilmente que su vida sin mancilla equivalía a una ancianidad venerable."
                                                         
                   
                                                                  






                                     

2 comentarios:

  1. Querido Arvam,

    Parece que entre vuestros ilustres no faltas los limpios de alma que debieran ser canonizados como Felipe Lesmes Zafrilla y Duart, que por lo leído en tu ensayo, era un clérigo fiel a la cristiandad y asu España.

    Dios se lo llevó cuando lo necesitó a su lado, fuere por que este mundo no era digno de su presencia o porque su cansado vehículo no pudo más que marcharse junto a su adorado.

    Ann@ Genovés

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    1. Querida Anna,
      Felipe Lesmes fue un religioso modelo, pero fanático de la Religión, y pecó de meterse demasiado en la política. Aún así, como bien dices, murió en loor de santidad (porque murió muy jóven, y no tuvo tiempo de conocer realmente la maldad del mundo).
      Pero por lo que parece, como también dices, en Albalate hubo más personajes limpios de alma y de corazón, como por ej. los hermanos legos fray Domingo y fray Juan, que también murieron en loor de santidad (si quieres, por email te mando otro día la historia del milagro de las avecillas de Tórtola, atribuído a fray Domingo, que es interesante, o el don de porofecía de este santo varón).
      Bssos. ARVAM

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